Los “replicantes” del dolor crónico. La empatía.

Hace ya una temporada de la última entrada, y como os indiqué cuando se abrió el blog, éstas nunca iban a tener una cadencia fija, pues es lo que tiene el dolor, que tampoco sabe de tiempos, y los últimos no están siendo buenos, pero sirva la presente, un poco larga, para cerrar el año y desearos felices fiestas.

blade runner49 - copia (Fotograma de la película Blade Runner, 2049)

Esta vez sí que habréis pensado que vaya título he elegido para hablar del dolor crónico, nada menos que el mundo de la ciencia ficción y de los “los replicantes”. Considero que no todos entiendan el tema de esta entrada, como ya ha ocurrido con otras, pero veréis como al final todo enlaza con los temas de este blog; aprovechando en este caso para ilustrarla no un libro sino una película. Los que me habéis ido siguiendo, ya me conocéis un poco y cómo trato a veces de enlazar las entradas del blog con determinadas historias reales o no, ya sean de libros que he leído o de historias que me han atraído; en esta ocasión la historia es de ciencia ficción, la cual puede en ocasiones ser más veraz que lo verdaderamente real, como ocurre con el dolor que no se llega a ver, es un síntoma que para algunos se convierte en una enfermedad, pero tiene una existencia y unos efectos que los lectores bien conocen.

En este punto, y como ya he hecho, otras veces, explicaros que con este título de “replicantes” voy a referirme a dos películas, separadas en el tiempo de emisión por más de 35 años, y en las que se tocan tres temas que me parecen interesantes para conectarlos con el dolor crónico, alguno de ellos ya lo he tratado anteriormente, como es el de la empatía, pero también está el tema de los recuerdos, las realidades y el futuro que nos espera.

La verdad que cuando pensé en el título de esta entrada, me dije, con este término quizá solo lo iban a entender algunos (cercanos a mi edad, y que por supuesto hayan visto la primera película y les quedase la impronta que a mí me dejó la misma), pero he tratado que las lágrimas en las lluvia del replicante Roy Batty, cuyo significado viene a ser que su historia se perderá en el tiempo, y no me gustaría que pase lo mismo con el dolor crónico. Solo espero que os guste.

Hace poco me salté la regla autoimpuesta de no acudir a una sala de cine, la razón no es otra que no soporto el elevado volumen de ruido y la música de las mismas, ya que me despiertan el dolor y ante esa tesitura, espero a verlo en casa. Pero armada con mis tapones para los oídos, buscando un cine tranquilo en el que sabía que habría poca gente me fui a ver la segunda parte de Blade runner, 2049. En 1983 se estrenaría en España la primera, es decir, Blade runner, (sin más, que se tradujo como cazador de “replicantes”) pero yo no la vería hasta el año 1987. Como se suele decir ha llovido desde entonces. A pesar de haber pasado 30 años, sí mucho tiempo, no sé el motivo pero recuerdo perfectamente esa película dirigida por Ridley Scott (basada en la novela de Philip K. Dick de 1968, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), en especial la música de Vangelis, que adquiriría poco después y vería en DVD. La película recreaba cómo sería la vida en la ciudad de los Ángeles en 2019, lo cual no me pareció relevante en ese momento, ¡divina juventud!

En 2012 recuerdo que se cumplieron los 30 años de la emisión de la película originaria, que volvería a ver, la cual fue muy mal recibida en su momento en EE.UU., pero no así en Europa y Asía, siendo su “versión internacional” la mejor de todas, con mucha diferencia, y de hecho fueron muchas las críticas, como sus amantes y detractores, pero que haya perdurado en el tiempo, pienso que será por algo. Entonces se le preguntó a su director R. Scott sobre una posible secuela o segunda parte de la película, que podía tener en mente pero que no llego a realizar, y es que cuando creas la primera y piensas que es única no puedes repetir ese proyecto. Deberían pasar unos años para que Denis Villeneuve se aventurase con la segunda parte, y ha sido cuando en la madurez, y en ese futuro de 2019 que ahora sí veo tan cercano, pero en el que ni me imaginaba cómo sería mi vida, ni me importaba, ahora me encuentro; y la segunda parte de la película ha despertado en mí ciertos recuerdos y temas muy cercanos al dolor crónico.

Como ya he escrito en una de las primeras entradas del blog es necesario adaptarse a vivir con el dolor, al igual que los pacientes nos hemos tenido que amoldar a esta vivencia, si bien debería ser inexcusable que viéramos la empatía como una cualidad en los profesionales que nos han dicho que debemos adaptarnos. En lugar de todo eso, veo que esta cualidad tan necesaria y tan poco valorada, se ve arrinconada por la pura racionalidad o los resultados. No soy experta en la materia y sobre la misma se ha escrito mucho, tanto por entendidos como por profesionales en la materia, y como indica Mª Buxarrais Estrada, se puede definir como “este sentimiento originario, sentirse mal por el dolor que sufre otro, expresa una capacidad humana de comprender el estado emocional de otras personas” (“Por una ética de la compasión en la educación”, Teoría de la educación, Revista Interuniversitaria). Pero como indica S. Lanzuela Gárate, tampoco hay que ser intransigente o radical, y no siempre empatizar es ponerse en el lugar del otro, sino devolverle (concederle) ese lugar, sin perder el nuestro, respetar el suyo.

Sobre los recuerdos que tengo deciros, que no me fueron implantados como a los replicantes (me refiero a ello más adelante), porque los he vivido, aunque no me importaría que me implantaran un especial recuerdo de olvido, de una parte importante de mis últimos 23 años, con todo, lo bueno y lo malo. Sobre el futuro se sabe que no está escrito, pero qué podemos hacer algo para que sea un poco mejor, que la investigación y la concienciación en estos temas cada vez sea mayor, y el dolor sea solo un recuerdo, que no duela ni siquiera el hecho de pensarlo.

Que un replicante como Roy Batty (actor Rutger Hauer) en la película, el más poderoso y vengador, salve la vida a su cazador antes de morir, ¿por qué? amaba la vida demasiado, y el ya no podía seguir viviendo por lo que quiso salvar a quien vino a retirarle de circulación. Como decía el replicante, eran máquinas pero el terror y el dolor les ha puesto alma (Alonso Burgos, J.: “Blade Runner. Lo que Deckard no sabía, Akal, 2011). Sabemos mucho de derramar lágrimas de dolor, decepción, angustia e impotencia, pero que sirvan para algo, que no se pierdan, y puedan dejar un camino más fácil para otros.

lágrimas - copia

(Fotograma de la película Blade Runner)

Justamente es en esta tesitura, la que se aproxima al 2019, y no en el horizonte del 2049 que quedará para otras generaciones, ha sido en la que, al ver esa segunda parte, brotaron en mi cabeza estos temas que he indicado un poco más arriba y que conectan con la realidad que vivo y trato de transmitir a través de este blog, abierto siempre a cualquier comentario o sugerencia.

Si hablo de “replicantes” o androids nexux 6, éstos no son más que los robots en una película de ciencia ficción, que quizá muchos no conocerán por su juventud o porque en su día esa película les pasó desapercibida, y que fueron creados para repoblar la colonias de la tierra en un escenario del 2019, eso sí, con una fuerza mayor a la humana y una vida útil de 4 años, si bien ciertas máquinas eran especiales y no tenían esa caducidad. Pero algunos de esos robots resultaron más perfectos de lo que pensaron sus creadores o ¿no?, y se volvieron contra el sistema. Unos robots carentes en principio de empatía y determinar esta cualidad era el modo de cazarlos o sacarlos del sistema por los blade runner. Pero ahí estaba su deseo de aferrarse a los recuerdos implantados, a la realidad que a alguno les quedaba, a las dudas que tienen otros sobre si son o no replicantes, y el futuro que se describe en 1982, un futuro de decadencia, de máquinas, post apocalíptico en el que éstas son necesarias, y la clara confrontación entre lo que es humano y no lo es.

Sin embargo, como es una película de ficción al final algunos de los “replicantes” son capaces de demostrar un lado más humano que los propios humanos, muchos pensaréis que me estoy desviando del tema del blog, y a ello voy, pero trataba de poneros en escena, aunque reconozca que me he podido exceder.

Precisamente el punto débil de los “replicantes” era la falta de dicha cualidad, y esto sí que es un tema muy analizado en todos los ámbitos, y tan demandado en el ámbito sanitario, pues encontrarla en el profesional o profesionales que tratan tu dolor crónico durante demasiado tiempo, se convierte en algunos casos en una ficción y no en una realidad. Es decir, nadie mejor que nosotros sabemos o conocemos nuestro problema, y resultamos ser más comprensivos con el ámbito sanitario que ellos con nosotros, que no tienen tiempo de mirarte a los ojos, pero tú si se los ves y su mirada, aunque como en toda regla general siempre hay honrosas excepciones.

Adentrándome en este tema y recordando al escritor francés André Gide “todo está dicho, pero como nadie escucha…

Sin desvelar el contenido de las películas podría llegar a pensar que si un “replicante” puede ser más humano que un ser humano, y algunos superan los test de empatía; entonces ¿el dolor crónico nos humaniza más u ocurre todo lo contrario?, o quizá se nos pretende hacer creer que somos como los “replicantes” que debemos acostumbrarnos al dolor y adaptarnos a él. ¿Por qué tengo que soportar yo mi dolor si no he sido creado para ello?, cuando los replicantes que no fueron creados como humanos y al final eran más humanos, y como indiqué el terror y el dolor les ha puesto alma, y aunque no deberían tener aquella y la consiguiente compasión, al final la demostraron.

De antemano soy de la opinión que ningún dolor te hace más humano o mejor persona si éste puede ser aliviado, y que los propios “replicantes” sentían dolor a pesar de ser robots[1].

En general, las personas tienen esa capacidad  que ilustra estas líneas aunque no todos por igual, eso lo sabemos bien los pacientes de dolor crónico, sentir cómo y de qué manera otros pueden sentirse, y sobre todo lo difícil que resulta evaluar el mismo, ya sea a nivel físico o emocional, pues no deja de ser para algunos una vivencia indirecta del sufrimiento ajeno, y no se pueden apropiar de nuestro dolor. Ahora bien, reconozco que ante un dolor ajeno es difícil abrirse y empatizar con él, como si fuera una posibilidad más de una vivencia propia, sin olvidar las limitaciones que tiene de por sí la memoria de aquél. Pero me pregunto ¿si fuéramos capaces de visualizar mejor estas vivencias?, ese dolor ajeno y al tiempo propio, si al final llego a poseer esa cualidad y se me escucha, ¿lograríamos que algunos de los profesionales que nos tratan hicieran lo mismo?

empatía - copia

Si el paciente de dolor crónico muestra con claridad una actitud conciliadora, de escucha, de aceptación y no de rendición después de estar encadenado a dicho sufrimiento, con todas las emociones y decepciones que ello conlleva, con sus tiempos y limitaciones, ¿por qué no se cultiva o se valora más esta capacidad en el sector médico?, y no se espera siempre a los resultados y a la eficiencia, pues al final lo necesario es establecer una relación con intención de ayuda mutua, y no de exigencia. No le puedo exigir a un especialista o profesional que sea empático, juzgándole o criticándole por los tan usados términos “debería”, y al final será como su personalidad le marque. La actuación ha de ser de todos los implicados, de lo contrario solo nos queda hacer nuestra particular revolución a través de la palabra.

Son muchas las ventajas que tiene la empatía conforme a lo que he leído, no obstante me gustaría reseñar las siguientes: incrementa la confianza con el interlocutor, ya que fomenta la expresión de ideas, de sentimientos, así como el alivio, la motivación, y la reducción de la tensión emocional, entre otras (La empatía como promotora de la Inteligencia Emocional).

La empatía requiere tiempo, la eficiencia es para las cosas, no para la gente” (Stephen Covey, autor de Los siete hábitos de las personas altamente efectivas.).

En definitiva, la empatía es un sentimiento humano pero se ha ido deshumanizando en busca de los resultados exitosos y la eficacia en todos los ámbitos, incluido el sector médico donde es tan necesaria, perdiendo en parte esa respuesta afectiva; si bien no todos la desarrollamos por igual, su misión es favorecer tanto las emociones (como pueden ser la alegría y la tristeza) como las sensaciones (en este caso, el dolor) “La empatía, el dolor ajeno y las emociones”.

Déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos” Julio Cortázar.

Para los “replicantes”, y no olvidando que se trata de una película de ciencia ficción, que refleja temas que siempre han sido y serán importantes, dicho sentimiento no se ha planificado en la mayor parte de los modelos, pero la realidad es que en algunos de ellos resulta difícil de identificarla y son capaces de hacer dudar a la propia máquina que determina si hay empatía o no, y en consecuencia sin son robots o no. En estos casos, la clave está en los ojos, en su brillo, en la mirada, y todos los que sufrimos dolor crónicos sabemos cómo es nuestra mirada, una mirada triste quizá sin ese brillo, llena de emociones que no eres capaz de transmitir todo lo que tiene dentro, porque ya está cansada de chocar contra el muro de la incomprensión.

¿Somos objetos o personas? ¿Nos están deshumanizando a los pacientes de dolor crónico por la eficacia o eficiencia de los resultados? Es el momento de hacer un poco de autocrítica por todos, pero los primeros que la deberían de hacer creo son aquellos que nos tienen que cuidar, y tratan con personas, no con robots que se han acostumbrado ya al dolor, y llegan a hacerte sentir culpable de tu situación por ser un “paciente complejo” cuando la complejidad lo está en el propio dolor –como veremos en otra entrada-.

Veo el horizonte del 2019 demasiado cerca para que algo cambie, porque los “replicantes” del 2049 son mejores y siguen siendo más humanos que los humanos. Una preocupación por perfeccionar al robot pero no mejorar la ciencia que cuide al ser humano.

ojo blade runner - copia

(Ojo brillante de un replicante)

Tras estos planteamientos sobre la empatía, me gustaría seguir con los temas reseñados, ya es hora de referirnos a los recuerdos, a la realidad y al futuro, y sobre todo no cansar en demasía al lector.

Nada fija tan intensamente un recuerdo como el deseo de olvidarlo (Michel de Montaigne, filósofo, escritor, humanista y moralista del Renacimiento)”.

Una de las características de los “replicantes” es que carecen de recuerdos, pues los que tienen les han sido implantados de una manera artificial, y solo son capaces de rememorarlos ya sea a través de una foto, o un objeto; y se aferran a ellos en la añoranza de esa humanidad. Recientemente he leído un artículo en el que se indica que los pacientes con dolor crónico se encuentran con el problema de retener los recuerdos temporales, de la memoria a corto plazo, produciéndose alteraciones en la función de los circuitos cerebrales, no directamente vinculados a procesos dolorosos (El dolor crónico afecta a regiones cerebrales cruciales para retener recuerdos). Pero nos puede fallar la memoria a corto plazo, pero no se nos ha borrado la evocación del dolor en nuestro cerebro, que edita esos recuerdos como si fueran una película, ya que se une el recuerdo a la realidad, muchas veces ahí radica nuestro principal problema a la hora de mitigarlo, incluso borrarlo, si bien las nuevas técnicas de neuroestimulación tratan de engañar al cerebro en la emisión de señales dolorosas.

Como indica A. Villarrubia Mendiola: “nuestros recuerdos hablan de nosotros mismos: nos dicen quiénes somos, nos ayudan a echar raíces, nos hacen sentir que hemos vivido y nos van guiando a través de los aprendizajes que de ellos se desprenden. Eso sí, (…) los recuerdos son dinámicos, se transforman y se reescriben cada vez que los traemos al presente y vuelven a almacenarse codificados de manera diferente(¿Nuestra memoria refleja la realidad? El papel del cerebro en la edición de recuerdos).

Ante todo, y pese a que el dolor, como acabo de indicar, no es solo un recuerdo dinámico que al no estar solucionado está en nuestro presente como una realidad más, también atesoro recuerdos buenos porque todos los he vivido, aunque a veces quieren que actúe como un android o robot y controle el dolor como si fuera solo una parte de mi memoria a la que debo adaptarme[2]. Como diría Jorge Guillén, poeta vallisoletano, “la memoria, malla a malla, me cubre armando su mundo. Interior, mi noche calla. En tu recuerdo me hundo”.

chiprecuerdos

Al final nuestros recuerdos reflejan nuestra realidad, y es la que debemos afrontar, la que vivimos cada día, no la que vendrá en el 2019 o en el 2049. Puedes soñar, en este caso, no con ovejas eléctricas como en la novela en la que se basa esta película, pero si con una realidad diferente, en la que el dolor sea un mal recuerdo y no una realidad en sí, mientras tanto hay que vivir con ella sabiendo que no es fácil, y que si a mí no me importaba el futuro en 1987, o no le otorgaba importancia, pues eran muchos los sueños por vivir, ahora si me asusta que la realidad se repita una y otra vez, sin cambios, siendo una mera espectadora, adaptada que no resignada, porque es lo que tiene el dolor, que te hierve por dentro e impide desasirte de la realidad.

En la primera película R. Scott nos deja con la ambigüedad sobre si Rick Deckard (Harrison Ford), detective y cazador de replicantes ¿es uno de ellos?, el simbolismo está presente en los detalles de la cinta, en las miradas y las frases; una película en la que había alma, pasión por la lucha y por la vida. En la segunda parte, y en un escenario más catastrofista y con una fotografía maravillosa, Denis Villeneuve nos vuelve a crear esa duda sobre el protagonista, pero nos la desvela al final porque no habrá terceras partes, como yo espero, que no haya una tercera parte, y que la niebla se desvanezca como las lágrimas en la lluvia de Roy Batty, y aunque parezca endeble, el puente es fuerte porque el deseo de pasar al otro lado, no tiene precio.

Para finalizar os haría una pregunta, y han sido muchas ¿Quiénes son los replicantes del dolor crónico? Cada uno que dé su opinión al respecto.

puente


[1] “No hay mayor verdad que la propia memoria y el dulce recuerdo de los días felices”. […]”Y por eso mismo también nos fascinan a nosotros, coleccionistas nostálgicos de una historia que en realidad fue de otra manera, como fueron de otra manera los días y los cuerpos que revivimos cada noche en los sueños”; Alonso Burgos, J.: “Blade Runner. Lo que Deckard no sabía, Akal, 2011.

[2] “Solo seres dolientes desgarrados por la infinita negatividad que contiene su finitud, pueden verse impulsados a realizar aquello que les otorga sentido y valor: la eticidad”. Enrique Ocaña: Sobre el dolor, Valencia. Pre-textos, 2006, pág. 115; citado por Alonso Burgos, J., ob. cit.

5 comentarios sobre “Los “replicantes” del dolor crónico. La empatía.

  1. Buen post, muchas preguntas difíciles de responder. A mi gustaría pasar por Tyrell Corporation para que me hicieran un apaño y me quitaran los recuerdos, si así se va el dolor 😔, pero el coste sería perderlo todo, la persona que fui y la que soy, dejaría de reconocer a mi familia, etc. ¿Merecía la pena?

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    1. Gracias, o nos implantaran un recuerdo que borrara el recuerdo del dolor, en ciencia ficción todo es posible. Si bien la realidad supera la ficción. Yo también iría a Tyrell y que reseteran el cerebro. Cómo dices, muchas preguntas? Yo me las hago demasiadas veces. Pero quiénes nos han de aliviar se las harán!!!

      Le gusta a 1 persona

  2. Gracias,como siempre expresas muy bien los sentimientos vinculados al dolor.La empatia al 100 por 100 creo que es imposible,es una utopia porque no se puede nadie poner en nuestra piel,solo si quieren lo pueden intentar.Para en verdad poder saber cual es este infierno hay que vivirlo y aun asi yo misma y cada dia lo vivo de manera distinta.

    Le gusta a 2 personas

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