La soledad de un cuerpo acostumbrado al dolor.

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Fragmentos del poema “Amarrada” de Elvira Sastre en su libro La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida que me ha inspirado esta entrada.

 

“No es esta ciudad descolocada / ni un grito a destiempo, / no es que la soledad me obligue a extrañarte / y no sepa qué hacer con estas manos vacías, / con esta nube que amenaza mi puerta.

(…)

Es, simplemente, el espejo, / el silencio, la cama vacía.

La / pregunta / que / solo /es / pregunta”

Recientemente se han hecho eco los distintos medios de comunicación nacionales del problema de la soledad y lo describen como un problema de salud pública. Todo ello a raíz de la reciente creación en Reino Unido de un Ministerio de la Soledad tras un estudio que cifraba el porcentaje de personas solas en un 13,7% de la población británica. El Reino Unido con esta medida ha querido sensibilizar a la sociedad y al tiempo tomar medidas de prevención, dirigidas en lo posible a mitigar unos costes económicos por los problemas o enfermedades que puede llevar asociada aquella. En concreto, enfermedades cardiovasculares, demencia, depresión y ansiedad.

En España han sido varios los medios escritos y audiovisuales que han recogido la noticia, diferenciando los casos de una soledad buscada de aquella que no lo es, cuyas cifras son tan alarmantes como las británicas y los problemas asociados no menos. Incluso se llegan a preguntar ¿por qué este silencio ante la soledad? Un tema que parece mal visto y en cierta medida estigmatizado.

Según el DRAE, la soledad se puede definir de varias maneras: carencia voluntaria o involuntaria de compañía; pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo. Y es que el problema que se plantea respecto a la soledad en estos días no se debe tanto al hecho físico de aislamiento, que también está presente, sino más bien al sentimiento de soledad, a la experiencia emocional de contar con alguien que pueda velar por ti cuando lo necesites y esto visto por algunos como una condena.

La soledad no depende de la presencia o ausencia de las personas; al contrario, odio a quien roba mi soledad sin, a cambio, ofrecerme compañía de verdad (Friedrich Nietzsche).

No hay que perder de vista que a veces es necesario aceptar la soledad para examinarnos a nosotros mismos, es como el silencio que nos ayuda a escuchar nuestra conciencia, para descubrir o quitarnos la máscara que oculta la realidad que no queremos que se vea o ¿sí?

Con la soledad muchas veces te auto examinas, te desnudas de aquellos que considerabas que era una parte más de ti y no era más que una exigencia añadida.

Nuestros poetas del Romanticismo se hicieron eco de la soledad, como fue el caso de Gustavo A. Bécquer quien recoge en su Rima LII,

“Nubes de tempestad que rompe el rayo

y en fuego encienden las sangrientas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!

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Como habréis imaginado mi pregunta va en esa dirección: ¿por qué hay también silencio en materia de dolor crónico, cuando es igual o mayor el problema que se plantea en todos los ámbitos? ¿No es una condena vivir con dolor crónico?

En el día mundial del dolor, el 17 de octubre, solo las redes sociales y aquellas sociedades científicas dedicadas en particular a este tema hablan o exponen el problema. Parece que no se tiene en cuenta que el dolor crónico representa para España el 2.3% de su Producto Interior Bruto, y según la Sociedad Española del Dolor (SED) el dolor crónico afecta a más del 20% de la población española, resultando indispensable una mayor sensibilización (más de 8 millones de personas y la cifras de soledad rondan sobre los cuatro millones, muchos de los cuales están solos y con dolor crónico).

Sin duda es un problema de salud pública pero no llena las portadas de los medios de comunicación. Tan solo puedes ver ciertas noticias como la reciente entrevista en el programa de RNE el Canto del Grillo del pasado 9 de febrero, “En voz alta, el dolor crónico”. En esta último entrevista se comentan todo los aspectos que ya hemos ido tratando en el blog como son las carencias de medios, los avances en materia de tratamientos y los problemas de carácter emocional que nos hacen a tantos caer en la desesperanza y el sufrimiento emocional, a pesar de todos los progresos y medios que parece que existen a nuestro alcance, y que muy a pesar nuestro ves que solo te inunda la soledad y el dolor.

Quisiera recoger en este punto unas reflexiones de Clive Staples Lewis, en su libro El problema del dolor (The problem of Pain). Concretamente aquellas en las que indica: A los lectores les gustaría saber cómo me comporto cuando siento dolor, no cuando escribo libros sobre él. No necesitan hacer conjeturas al respecto, pues se lo voy a decir: soy un cobarde. Más, ¿de qué sirve esta confesión? «Sobrepasa con mucho mi presencia de ánimo» pensar en el dolor, en la ansiedad devastadora como el fuego, en la soledad que crece como el desierto, en la angustiosa rutina de la aflicción monótona, en el sordo dolor que ennegrece completamente el paisaje, en la repentina sensación nauseabunda que aplasta de un solo golpe el corazón humano, en el dolor que golpea aún con más fuerza cuando ya parecía insoportable, en el exasperante daño causado por la picadura del escorpión, capaz de sobresaltar a un hombre medio muerto por sus anteriores torturas e inducirle a realizar movimientos extravagantes. Si conociera algún modo de escapar de él, me arrastraría por las cloacas para encontrarlo. Más, ¿de qué le sirve al lector que yo le hable de mis sentimientos? Ya los conoce: son como los suyos. No afirmo que el dolor no sea doloroso. El dolor hiere.

En otras entradas ya he comentado que en esta era de la interconexión digital nos estamos volviendo más individualistas y la sociedad puede que más deshumanizada, los enfermos de dolor crónico a través de este medio en plataforma de afectados por la Neuralgia del Trigémino (Facebook) o en la web tu vida sin dolor #pacientesquecuentan, han abierto un escaparate de lo que supone vivir con dolor crónico (video muy sencillo pero explicativo de vivir dolor crónico), con una soledad no buscada y tantas veces autoimpuesta para sobrevivir al dolor. El entorno social y en concreto los amigos son muy importantes, cómo no, pues se tratar de vivir el dolor con apoyos. Ahora bien, ¿cuántos de los que ahora leéis estas líneas no os sentís solos u os habéis sentido solos en vuestra vida con dolor?

El dolor desgraciadamente se vive en soledad aunque tengas 20 personas a tú alrededor, o solo cinco, el paciente sabe que ante el dolor si este perdura y se hace o no rebelde, los sentimientos que se le van a desencadenar, en la mayoría de los casos, son los mismos que los de la soledad (pesimismo, ansiedad y depresión, baja autoestima y un largo etcétera). Cuando tengo dolor, me siento abrumadoramente sola, porque no es posible que nadie, salvo el que vive la misma experiencia, pueda entender esa soledad que te asfixia de impotencia porque no puedes rebajar tu nivel de sufrimiento físico ni emocional. Es la soledad como sentimiento y el dolor como sufrimiento físico. Todos los sentimientos que provoca la soledad están ahí y no son buscados, sino asociados por lo general a un cuadro de dolor crónico.

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Solo hay que pensar en los padres de un niño o en aquella persona que tiene una enfermedad rara, y cabe recordar y no olvidar que el pasado 28 de febrero de celebró el día mundial de estas enfermedades. ¿Qué solos se tienen que sentir? Por muchos familiares o no que tengan alrededor, un diagnóstico de una tipo de estas enfermedades te va a ver sumido, en un primer momento, en un estadio de soledad que quizá con el tiempo y las asociaciones puedas sortear, pero te estará acechando.

Como se ha seguido hablando mucho de la soledad, quiero rescatar un reciente artículo publicado en el ABC de Mari Pau Domínguez, escritora a la que sigo y admiro, que tratando el tema recordaba fragmentos del Libro del desasosiego de Fernando Pesoa, en los que decía: Hay momentos en que todo cansa, hasta lo que nos descansaría. Lo que nos cansa porque nos cansa; lo que nos descansaría porque la idea de obtenerlo nos cansa. Hay abatimientos del alma por debajo de toda la angustia y de todo el dolor; creo que no los conocen sino los que se hurtan a las angustias y a los dolores humanos, y tienen diplomacia consigo mismos para esquivarse al tedio propio. Reduciéndose, así, a seres acorazados contra el mundo, no es de admirar que, en determinado momento de su conciencia de sí mismos, les pese de repente la coraza, y la vida sea para ellos una angustia al revés, un dolor perdido.

Entonces, ¿por qué este silencio ante el dolor crónico? Cuando se saben las cifras de recursos sanitarios y económicos que consume. Yo puedo decidir si estar solo o no, pero no puedo decidir tener o no dolor. Aquí entran los tratamientos y la respuesta de cada paciente a los mismos. Si este no responde bien ¿no se va a sentir solo?, con una soledad que le ahoga, que no le permite alzar la voz y puede llegar a estigmatizarle. Considero que soledad y dolor, tantas veces, van de la mano, cuales homicidas silenciosas. No tengo miedo a la soledad, un buen libro te puede acompañar más que un amigo o familiar, te transporta a otra realidad como tantas veces he comentado. Sin embargo, sí tengo miedo al dolor que me aísla y me apaga sin que pueda hacer nada para que la sociedad me visibilice y me tienda un puente de compresión.

No hay campañas de sensibilización en el caso del dolor crónico, no se indican los costes para la sanidad, exceptuando algunos casos aislados, y cómo no, en las asociaciones, en la SED y en otras entidades especialistas se habla a continuo de ello. Pero para el resto, al igual que el dolor no se ve, sus enfermos tampoco. Las campañas de prevención en ciertos tipos de dolor y desde el ámbito laboral y de las empresas apuntan en esa dirección, pero no siempre.

Como siempre os escribo desde mi experiencia personal. Aunque haya tenido familia y amigos (pocos) junto a mí en este largo camino andado, la soledad no me ha abandonado. El sufrimiento emocional está ahí y ese se vive también en soledad. Unas salas de espera abarrotadas pero en las que te sientes aislada, invisible para muchos profesionales que no escuchan y menos buscan empatizar para no perder cognición, según ellos. Lo peor es que te acostumbras a ello, al igual que al dolor, es el proceso de adaptación ya hablado y lo ves como algo normal cuando ni la soledad ni el dolor lo son, sobre todo este último porque a la soledad le puedes poner cierto remedio cuando tu enfermedad te lo permite, pero al dolor, a ese no le controlas tú, él tiene el control sin tu quererlo, de tu vida y por ende de tu soledad.

Nadie por su naturaleza humana escoge a priori la soledad y menos el dolor. Y es quien sabe de vivir con dolor también conoce qué es vivir en soledad y los sentimientos que ambos abarcan, pues estos afloran aún más cuando se vive con dolor crónico.

No hay que temer a la soledad, pero a sí vivir engañándose mirando una realidad como te gustaría que fuera y no como en verdad es (Paulo Cohello).

La entrada está dedicada a todas las personas que sufren dolor pero como estamos en fechas de Día Internacional de la Mujer va para esas mujeres que están solas con su dolor pero no se sienten solas.

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14 comentarios sobre “La soledad de un cuerpo acostumbrado al dolor.

  1. Totalmente de acuerdo
    Soledad y dolor crónico van de la mano
    Todas las personas que vivimos con dolor, sentimos en la mayoría de los momentos de nuestras vidas , esa soledad que aún acrecienta,si cabe, aún más, nuestro dolor
    Gracias

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  2. El dolor no se puede compartir, es algo que se sufre en soledad e incluso en silencio para no perturbar a tu entorno. La queja continúa cansa, pero el no quejarte confunde. Como dices la soledad es algo que has podido decidir a lo largo de tu vida, a veces por necesidad. Sin embargo, el dolor no, lo que te obliga a vivir en soledad forzada. Poca solución veo, pero también echo en falta que se hable más del problema para que se tome conciencia a nivel médico, social y político. Muchas gracias por la dedicatoria, mujer con dolor crónico ❤️💋

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  3. A causa del dolor, no se puede hacer vida social, los amigos van desapareciendo, se va perdiendo el cariño y poco a poco, un@ se va quedando sol@, y duele, y ese dolor no ayuda en la enfermedad, asi poco a poco vamos entrando en ese circulo vicioso y quedandonos sol@s.
    Me ha encantado, como siempre.

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    1. Efectivamente Teresa el dolor te aisla aunque no quieras. No es una soledad buscada, a veces sí, por necesaria, pero solo quienes vivimos esta cruda realidad lo sabemos. Día a día, cada paso cuesta más en esta senda. Pero desde aquí te mando todo mi cariño para que no te sientas tan sola. Un beso

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  4. Querida compañera: Te amo. Me encanta cómo escribes.
    Me han dicho los d tuvidasindolor que querias ponerte en contacto conmigo por lo d la neuromodulacion transcraneal. Me han dicho q t han dado mi email. Escríbeme cuando quieras y nos damos los teléfonos para hablar. En todo lo q t pueda ayudar aqui estoy.
    Y me voy a leer enterito tu blog. Me ha encantado. Ya t comentaré

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  5. A más de un año de haberlo leído por primera vez, le releo (después de buscar y buscar en Twitter que fue donde lo guardé) y sigue doliendo en el alma tanta verdad junta. Gracias por escribir lo que tantas sentimos y tan pocos entienden, mil gracias. Un abrazo desde Venezuela.

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